|
|
Un rescoldo de amor silente
Era una mañana y abril sonreía.
El sol brillaba incandescentemente,
las hojas de los árboles bailaban con la brisa.
Y en un banquito del parque estaban los dos sentados.
Él miraba al sol que
sonreía como una flor.
Ella lo miraba a él, intentando recordar
de donde conocía esa mirada pura como el agua.
Ya sus caras arrugadas no se reconocían la una a la otra.
Pero el amor aún residía, aunque no lo supiesen.
Existía un ardiente fervor
que con el pasar de los años se había escondido.
Tan cerca te tengo y aún no me atrevo.
Al verte, no se qué se ocupa de mi;
pues se que no te debes acordar.
¿Cómo has de hacerlo, si fue hace ya tantos años?
Yo era tímido como un niño
y aún lo sigo siendo.
Tu eras una dulce niña, en este
mundo de duelo y aflicción.
Pero recuerdo y recordando digo:
Si, yo era niño, y tu, mi compañera.
No se que decir, se me va el aliento.
Cuando te quiero hablar, no hablo
y a veces hablo sin querer.
Recuerdo como si fuera ayer;
tú eras el hombre de mis sueños
que llamó a mi corazón, un claro día,
y quien jamás mi corazón, quiso olvidar.
No sabían que hacer
No se atrevían a hablar.
Ya sus vidas eran tiempo y su sol cuita.
La causa de esta angustia no conseguían
ni vagamente comprender siquiera.
Se fueron sin haber compartido sus pensamientos;
pensamientos que jamás fueron dichos.
Quizás, pensó ella; tal vez, pensó él.
Y titubearon al coger caminos opuestos.
Él se fue por un camino y ella por otro
pero, al pensar en su mutuo amor,
él dice aún: —¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?
Categories: None
The words you entered did not match the given text. Please try again.
Oops!
Oops, you forgot something.